Los estudios McMaster

PREGUNTA

¡Los dos estudios dirigidos por la Universidad McMaster que mencionan en Body By Science son fascinantes! ¿Qué creen que fue lo más interesante que aprendieron de ellos?

RESPUESTA

Durante cuatro décadas se pensaba que había que realizar actividad continua y calmada durante un mínimo de 20 minutos para involucrar por completo al sistema aeróbico. Hasta que esta idea fue abolida experimentalmente cuando los estudios dirigidos en la Universidad McMaster revelaron que podía lograrse el doble de capacidad aeróbica a cambio de un total de seis minutos de ejercicio a la semana. Los sujetos no participaron en sesiones de “cardio” durante un mínimo de 20 minutos seguidos, sino que trabajaron sus músculos vigorosamente durante 30 segundos y después se tomaron un descanso de cuatro minutos, repitiendo esta pauta otras tres veces. Se demostró que la creencia de que “usted tiene que mantenerse en el ritmo cardíaco objetivo durante un período de tiempo “X” para conseguir un beneficio cardiovascular” es totalmente arbitraria. Y este dogma se basaba en el hecho de que el nivel de adaptación metabólica que tiene lugar con la realización de ejercicio de baja intensidad es tan mínimo que hay que incrementar exponencialmente su volumen y frecuencia para obtener un beneficio, puesto que por sí mismo no era un estímulo lo suficientemente potente como para que persista la adaptación.

En consecuencia, surgió una mentalidad de tipo neurótico, “hay que hacer más”—porque era una adaptación metabólica mínima, obtenida mediante un estímulo/intensidad mínimo, con el resultado de que el efecto se perdía rápidamente ya que no existía un ímpetu o motivo suficientemente exigente como para que el cuerpo conservara la adaptación. Sin embargo, si se persigue esta misma adaptación metabólica para su sistema aeróbico mediante un trabajo muscular de alta intensidad, se necesita muy poca cantidad de este tipo de estímulo para que ocurra y se mantenga esta adaptación. El director de investigación del estudio McMaster, el Profesor Martin Gibala, le contó a uno de los autores que estaba convencido de que los investigadores podrían haber producido los mismos resultados con un volumen de ejercicio aún menor de (un total de) 6 minutos semanales. Y lo más sorprendente, en las entrevistas a los periódicos, el Profesor Gibala ¡casi pedía perdón por establecer clínicamente que había una manera más eficiente de estimular el sistema cardiovascular! Muchos científicos del ejercicio tienen miedo de oponerse al dogma establecido con sus nuevos descubrimientos, cuando en realidad deberían estar encantados y orgullosos de sus logros. Habría sido más apropiado decir, “Hemos encontrado la respuesta—¡veamos a dónde nos lleva!” ¿Por qué no seguir hasta ver exactamente qué cantidad mínima de ejercicio se requiere para maximizar el sistema aeróbico? Aparte de esto, los Estudios McMaster demostraron la falsedad de la creencia de que hay que entrenar al menos tres veces a la semana durante un mínimo de 20 minutos por entrenamiento para obtener un beneficio “cardiovascular.” ¡De hecho, esta cifra se redujo a un tercio! Y si todo lo que se requiere son cuatro o cinco intervalos de 30 segundos, esto también podría lograrse—desde el punto de vista tanto de sus músculos como de su sistema cardiovascular—entrenando sus músculos intensamente con cuatro o cinco ejercicios diferentes, por ejemplo una rutina de “los 5 Grandes” compuesta por una Prensa, un Remo Compuesto, un Press de Banca, un Jalón al Pecho y un Press de Hombro. Así que los estudios McMaster constituyen un apoyo muy fuerte en favor de la tesis de que las sesiones de entrenamiento cortas e intensas (hasta un mínimo de dos minutos de tiempo de entrenamiento total por sesión) estimulan profundas mejoras en la capacidad aeróbica corporal.

Fuente: McGouff D, Little J. The Body by Science Question and Answer Book. USA: Northern River Productions, Inc; 2009.

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