Ligero mareo y náuseas

PREGUNTA

Acabo de empezar a entrenar con alta intensidad, y durante mis entrenamientos me siento un poco mareado y con náuseas. ¿Es normal?

RESPUESTA

No es raro que los clientes experimenten en ocasiones sensación de mareo o náuseas durante o inmediatamente después de un entrenamiento de alta intensidad. No hay que asustarse por ello, pero es algo que puede y debería evitarse por medio de una comprensión clara del proceso que lo activa. La sensación de náusea es resultado de la combustión de tanto glucógeno intramuscular que el cuerpo intenta proseguir con la contracción muscular fabricando más glucosa a partir del ácido láctico que se ha ido acumulando en el músculo. Si uno echa un vistazo a la ecuación bioquímica de la glucolisis, se dará cuenta de que comienza con la glucosa, y continúa con varias transformaciones químicas a glucosa-6-fosfato, glucosa-1,6-difosfato, fructosa-6-fosfato—hasta la obtención de piruvato. Esto tiene lugar en el citosol, la porción líquida del interior celular, y en ausencia de oxígeno, el resultado final de este proceso es la creación de 2 moléculas de piruvato, y su consiguiente acúmulo. El piruvato es entonces transportado a la mitocondria, donde da comienzo el ciclo de Krebs para producir 36 moléculas adicionales de ATP que contribuyen a alimentar el proceso de la contracción muscular.

Un problema inherente a este ciclo enzimático es que la glucolisis cicla a una velocidad muy superior a la que el ciclo de Krebs es capaz de procesar el piruvato. En consecuencia, el piruvato comienza a acumularse y sobre él actúa otra enzima, la lactato deshidrogenasa, que lo transforma en lactato (ácido láctica). Así pues, cuando un cliente realiza un trabajo muscular de alta intensidad, sobre todo si el descanso entre series es escaso, sus músculos comienzan a acumular una gran cantidad de ácido láctico. Esto ocurre al mismo tiempo que el organismo sigue fragmentando el glucógeno intramuscular para alimentar la contracción muscular (proceso denominado glucogenolisis), el cual tiene lugar a una velocidad muy alta debido a la cascada de amplificación que moviliza el glucógeno intramuscular durante la actividad de alta intensidad. En consecuencia, el músculo se queda sin glucosa rápidamente, y genera gran cantidad de lactato. Ello pone en movimiento un proceso biológico llamado el Ciclo de Cori, en el cual el lactato acumulado es liberado fuera del citosol a la circulación sistémica. El lactato es transportado por la circulación general hasta la vena central del hígado, donde sucede otro proceso biológico denominado gluconeogénesis, por medio del cual el lactato vuelve a transformarse en glucosa para su uso en la glucolisis. Como resultado de este complejo proceso bioquímico, cuando el cliente se queda sin glucógeno en sus músculos y su organismo libera lactato al torrente sanguíneo, sus niveles de pH caen de forma pronunciada, generando una fuerte acidosis láctica y una sensación de náuseas. Este episodio puede provocar fácilmente una caída del pH sanguíneo desde 7,4 a 6,9, el cual no es un pH óptimo para el funcionamiento adecuado de ninguna función fisiológica.

Las enzimas musculares que favorecen el tono vascular del músculo liso de los vasos sanguíneos tienen un pKa de alrededor de 7,35, y cuando los niveles de pH caen a 6,9, dejan de funcionar de forma óptima. Como resultado, hay una vasodilatación, y la presión sanguínea caerá a 80, por lo que el sujeto se verá obligado a tumbarse en el suelo, dominado por las náuseas, que son el resultado natural de un flujo sanguíneo abdominal disminuido. Esta sensación puede durar de 15 a 40 minutos, que es el tiempo que le cuesta al lactato circulante hasta llegar a la vena central del hígado para dar comienzo a la gluconeogénesis, proceso que eleva los niveles de glucosa en el torrente sanguíneo y restaura el equilibrio glucémico del organismo.

En este punto, la pregunta pasa a ser: ¿Cómo se puede entrenar con alta intensidad y que no ocurra todo esto? Los autores hemos encontrado diferentes soluciones a este problema, todas ellas muy efectivas. Un método es preventivo, el otro prescriptivo. Dado que estos incidentes ocurren casi exclusivamente en entrenamientos supervisados (en gran medida porque la mayoría de la gente que entrena por libre no se esfuerza lo suficiente como para consumir el glucógeno intramuscular hasta los niveles necesarios para activar el Ciclo de Cori), si el monitor está atento a las sensaciones del cliente, puede tomar medidas para impedir la instauración de dichos síntomas. Esto se consigue simplemente preguntando al cliente conforme avanza el entrenamiento para saber en todo momento cómo se siente. Si el cliente comienza a notar mareos o nauseas, el monitor puede optar por reducir el ritmo de entrenamiento (aumentando la cantidad de tiempo que el cliente descansa entre ejercicios) de forma que las demandas de glucógeno por parte del entrenamiento no sean excesivas para el organismo. Esto proporciona al cuerpo más tiempo para satisfacer estas demandas, lo cual impide el vertido de ácido láctico hacia el torrente sanguíneo. Si, por ejemplo, el cliente pasa de un ejercicio al siguiente en 15 segundos, al duplicar ese tiempo entre ejercicios a 30 segundos, su cuerpo tendrá un 100% más de tiempo para satisfacer sus demandas energéticas.

Si alguien comienza a sentirse mareado durante un entrenamiento, pero intenta proseguir con el entrenamiento a un ritmo mayor, el acúmulo de lactato subsiguiente requerirá ser vertido a la circulación sistémica para ser transportado al hígado y dar comienzo el Ciclo de Cori—y entonces aparecen las náuseas. Así que ante todo, intento prevenirlo. Si ocurriera, creo que es muy importante un intervalo de recuperación apropiado porque lo que sucede en ese intervalo es que permite que entre en acción el Ciclo de Cori y por tanto se regule al alza, lo que con el tiempo se traduce en que el cliente desarrollará una mayor tolerancia a la actividad que está realizando y no sufrirá náuseas.

—Doug McGuff, MD  

El método prescriptivo ha demostrado su utilidad para aliviar los síntomas de mareo y náusea, y consiste simplemente en administrar sacarosa sublingual (azúcar debajo de la lengua). Igual que el que toma Tylenol para aliviar el dolor, tomar azúcar antes de un entrenamiento o justo cuando comienzan los síntomas sirve para que esos síntomas desaparezcan rápidamente. El mecanismo implicado es bastante sencillo: De forma intrínseca las náuseas o la sensación nauseosa acontecen siempre que el organismo, en un esfuerzo para mantener la contracción muscular, intenta producir más glucosa para abastecer de energía las contracciones, mediante el vertido del lactato acumulado al torrente sanguíneo para activar el Ciclo de Cori, lo cual deriva en un descenso de los niveles de pH y en la sensación nauseosa subsiguiente.

Sin embargo, este proceso se puede prevenir colocando azúcar bajo la lengua, lo cual anula la necesidad del organismo de verter el lactato hacia la circulación sanguínea. No obstante, si seguimos consumiendo el glucógeno intramuscular, siempre vamos a estar un paso más cerca de activar este proceso y el Ciclo de Cori se va a poner en marcha, apareciendo las náuseas. El organismo, en otras palabras, siempre va a intentar extraer lo que haga falta del torrente sanguíneo para mantener en marcha la contracción muscular, y si no hay glucosa suficiente se va a hacer uso del Ciclo de Cori inevitablemente. Y quizá este proceso sea inevitable para usted, debido a que puede hacer acto de presencia siempre que el esfuerzo muscular sea alto. Si alguien siente náuseas al entrenar, puede tumbarse con los pies en alto durante más de 10 minutos o puede poner un poco de azúcar bajo la lengua—o ambas cosas. Por tanto, se puede esperar a que el organismo autorregule sus sustratos energéticos, pero esto puede costarle más de 30 minutos. Mientras tanto, el cliente se encuentra fatal. El azúcar administrado por vía sublingual acaba con esta sensación en tan sólo 30 segundos.

Lo ideal sería no alcanzar nunca el punto en que se instauran el mareo y las náuseas. Y esta sensación puede evitarse por completo consumiendo algo de azúcar inmediatamente antes del entrenamiento, durante el mismo, o reduciendo la velocidad con la que pasamos de un ejercicio al siguiente. Además, estos síntomas tienden a ser más prominentes en los entrenamientos de cuerpo completo y a menudo pasarse a una rutina partida impedirá que ocurran estos síntomas.

Fuente: McGouff D, Little J. The Body by Science Question and Answer Book. USA: Northern River Productions, Inc; 2009.

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