Acondicionamiento técnico & Acondicionamiento físico

 

PREGUNTA

El capítulo de Body By Science acerca del atletismo me resultó fascinante. En particular me impresionó la distinción establecida entre acondicionamiento técnico y acondicionamiento físico. Sin embargo, me horroriza que la mayoría de los entrenadores con los que hablo (incluso a nivel Universitario y Profesional) saben poco o absolutamente nada sobre eso. ¿Cómo podemos difundir la palabra?

RESPUESTA

Es una buena pregunta. Difundimos la palabra (al menos, la palabra impresa) en Body By Science, pero todavía queda que la gente que posee este conocimiento se asegure de, cuanto menos, exponerlo a los entrenadores. Una copia del libro puede ser de ayuda (muchos entrenadores se han puesto en contacto con nosotros para decirnos cuánto mejoró el rendimiento de sus equipos y jugadores individuales con esta información), así como una conversación informativa.

Ahora, si puede conseguir que un entrenador se quede con este concepto—que existe una diferencia entre el acondicionamiento técnico y el acondicionamiento físico—y si consigue que comprenda la necesidad de separarlos y hacer que sus atletas realicen su acondicionamiento físico de una manera que se corresponda los requisitos del cuerpo humano, entonces estará haciendo todo lo que puede hacerse para ayudarle a preparar a un atleta para la competición con el máximo nivel que pueda alcanzar. Sin embargo, el problema radica en lograr que muchos entrenadores comprendan esta diferencia y actúen en consecuencia. De hecho, la mayoría de los entrenadores están confundidos en dos aspectos del acondicionamiento físico; uno, piensan que el acondicionamiento físico ha de imitar el movimiento o actividad del deporte (puede comprobarse con entrenadores que hacen que sus atletas realicen movimientos explosivos al estilo de los halteras olímpicos con pesos libres para “aumentar la explosividad de sus atletas” o, digamos, que un jugador de béisbol balancee un bate con peso extra antes de golpear una pelota de béisbol, o bien que los atletas realicen cierto tipo de movimiento que imite un movimiento de un deporte determinado).

La mayoría de los entrenadores tienen bien metido en la sesera que dichas actividades son recomendables cuando en realidad no son la manera más eficiente de sobrecargar los músculos (y por lo tanto estimular un aumento de fuerza muscular) ya que tales movimientos no se amoldan con eficacia a la función muscular y articular, y la realización de estos movimientos (simplemente por cuestiones neuromusculares) dará como resultado una sobresaturación de las técnicas y habilidades del sujeto. Este último punto es de importancia crucial porque cuando a un atleta se le obliga a realizar un movimiento muy similar al que hará en competición, pero con una resistencia—a diferencia de cómo lo realizaría en condiciones normales (sin resistencia) durante la competición—el resultado es que la técnica aprendida en el entrenamiento no se corresponde con la que el atleta ejecutará en una situación real en el juego. En consecuencia, las técnicas aprendidas (lanzas un peso pesado, por ejemplo) no tienen aplicabilidad inherente en el ambiente atlético en el que se emplearán.

Fuente: McGouff D, Little J. The Body by Science Question and Answer Book. USA: Northern River Productions, Inc; 2009.

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